EL DESEO DE MORIR

•diciembre 7, 2009 • Dejar un comentario

“El deseo de morir es una de las manifestaciones primeras del entendimiento. La vida que tenemos parece insoportable, otra parece inalcanzable, y el deseo de morir ya no produce culpa. Simplemente, uno pide el traslado de una celda vieja y odioda, a otra nueva, que será odiada a su debido tiempo. Un antiguo resto de fe nos hace imaginar que el Señor aparecerá casualmente en el corredor, en el momento del traslado, y reconociendo al  prisionero dirá: ‘A este no lo encierren otra vez. Viene conmigo'”

•noviembre 3, 2009 • Dejar un comentario

De los tres personajes que se ha inventado este genio de las marionetas, creo que soy el menos interesante. No fumo.

Y digo lo anterior sólo como por tener continuidad con el monólogo de Patriciacoen, y seguir la idea que fundó esta polifonía, esta pesadilla de un monstruo de tres cabezas.

En la clase de hoy, me hablaron de física: creo que un tal Newton dijo alguna vez -decía mi profesor, porque yo estoy seguro de que sí fue Newton el que dijo eso, y que a lo mejor sí era un tal-, todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él y bla bla bla bla.

La segunda ley de Newton -repitió-, también conocida como Ley de la Inercia. El que tenga oídos, que oiga.

No entendí.

•octubre 14, 2009 • Dejar un comentario

Mientras fumo un cigarrillo y miro la entrada anterior, pienso en J, que al revés será una interrogación quizás. Me acuerdo cómo hablaba antes y que hoy al trabajar con locos encuentra lo serio y delicado de su personalidad. A todos les envía un saludo, y se estremeció, me contaba, cuando los vio por entre la cortina de hierba, cómo han cambiado, me dijo.
Bueno, mi cáncer anda mejorando y ahí es donde verdaderamente empieza el pensamiento, acariciando la sombra, proyectada a mis pies, de la muerte. Lo mencionaste: EL INSTANTE. Qué palabra más hermosa. Aún hoy, me pregunto si el cáncer de mama no es producto de tantos hombres que se pegaban a mis senos como niños asustados buscando un refugio a su angustia en la inmensidad de la Vía Láctea. El cáncer si es contagioso. La suerte que hay que correr siendo mujer en medio de tantos hombrecitos que buscan quien les espante los fantasmas en la oscuridad o les reitere que su maestra interiorizada se equivocó, que hicieron las cosas bien, no hay quien te acuse, y tu castigo por hacer algo espontáneo, humano, del instante, no existe.
Ya saben ustedes que me gusta en supremacía el sexo, me encanta mirar los ojos de los hombres cuando van a llegar. Al infiel, que durante todo el acto la culpa no lo deja disfrutar siendo él mismo, parece llorar, y en ese INSTANTE una fuerza superior a él, la de su humanidad, lo extasía, lo extrapola, lo metastasea. Sin importar qué pueda pasar renuncia a su vida, le importa un pepino si se muere, si me deja embarazada, si se contagia de una venérea (existencial o física). Sí, yo soy la misma Venus en ese instante, se olvida de sí y de su amada. Desprecia su vida por un segundo ¿un segundo de qué?
¿Cómo no hablar de ese momento como algo sublime, trascendental? La culpa, siempre intenta robarse el éxtasis, el placer, el arte. He visto hombres que en su momento hicieron algo trascendental, despreciando su vida.
Sé que la vida y su conciencia nos arrojan a la cinemateca temporal, pero es curioso que en nada podemos recopilar la vida de los hombres, en ningún libro podremos escribir los días enteros de una persona, paradójicamente todo es un resúmen de instantes y a quien le importa ver un día normal de Chaplin. Pero éstos conducen a la metástasis de la cual viven los productores.
Yo no digo más, voy a caminar y ¿a quien le importa eso? El artista es quien transforma esos momentos en instantes, qué utilitarista y morboso.
“Cuando odiemos realmente la literatura, ese día escribiremos en verdad”
Nietzsche.
eso creo que dijo…bueno y a quién le importa. fumo.

•octubre 7, 2009 • Dejar un comentario

Bueno. Esto tiene que comenzar por alguna parte. La otra noche hablábamos de la culpa (tema que nos ha llevado varios cafés ya), de la trascendencia y demás apegos con los cuales, decías J. que no era posible el Superhombre. Llegar a desprenderse de ellos es el primer paso.
Echándole un poco de cabeza al asunto, se me ocurre que el primer apego al que hay que renunciar, entonces, es la vida misma ¿cómo puedo rechazar la trascendencia si me aferro terriblemente al sol de cada mañana? Para recuperar el presente, la realidad del instante, sería necesario adoptar, en primer lugar, la renuncia de lo que está más próximo. No para entregarlo, sino, precisamente para experimentarlo verdaderamente.
Así las cosas, renunciar a la trascendencia, implica renunciar en mprimer lugar a lo más cercano. Recuerdo entonces a Ciorán: “Si las religiones nos han prohibido morir por nuestra propia mano, es porque veían en ello un ejemplo de insumisión que humillaba a los templos y a los dioses”.
Escupirle a un dios o a un sacerdote su trascendencia por la cara, implica la conciencia de que su futuro importa tan poco como la posibilidad de un presente, al punto de tener lo suficiente entre las manos como para suprimir todo presente, de una manera definitiva.

(sarta de pavadas, pero bueno, había que comenzar ¿o no?)

La Primera Noche

•octubre 5, 2009 • 1 comentario

Siempre es difícil empezar, más cuando se espera que sea a tres voces. Buscando intersticios se cae inevitablemente en el fracaso, razón suficiente para encontrar una comunión. Comunión que no será concatenación de un algo por el que se busque la redención, pero que sí será un esfuerzo por abrir un momento para encontrarse.  Librarse al fin del peso de un día vacío,  que ocupamos, indistintamente, en enfrentarse, con soledad y narcisismo, a personas que no quieren escucharnos. Empiezo hoy, porque no hubo otra opción, me tocó. Leo creó el blog (estructura,visuales) y Patricia prestó el apartamento. Es Lunes,  aprovechamos los descansos de ley, hemos tomado whisky desde las 7:00 P.M., hemos fumado desde antes. Ellos hablan de la existencia de dios, de una familia, que luego de perder al padre, no encontraron cómo continuar y  fracasaron. Los Beatles suenan Help: necesito a alguien, ayúdame si puedes, necesito a alguien, estoy deprimido. Y no deja de sorprenderme que todo siempre tenga un raison d´etre, que nada haya fortuito. Esta noche, como tantas otras, la charla se tornará filosófica, hablaremos de la muerte, del amor y de lo místico… al final, todo seguirá igual: nos alejarmos por tres meses, con la salvedad, de que ahora en adelante, habrá un espacio lejano de las caras y de los ojos para decirle al otro, que como todos los días, lo hemos extrañado.